Historia de Éxito: Nuestra Visión de Éxito

Compartir este artículo

Por: Alejandro y Vanessa

Mi nombre es Luis, ocupo un puesto ejecutivo de alto nivel, en donde mi experiencia de más de veinte años me permite ofrecer soluciones muy efectivas para la empresa en la que laboro. Creo que cualquier persona se atrevería a asegurar que ocupo una posición de mucho éxito. 

 

Sin embargo, durante el último año mi concepto de “éxito” ha cambiado radicalmente y en mi siguiente relato les voy a revelar la razón de ese cambio. 

 

Hoy, después de un año lleno de esfuerzos. Escucho atentamente las conversaciones de mi familia, mientras hago un recuento de lo alcanzado en los últimos meses. No puedo evitar que algunas lágrimas recorran mis mejillas, mientras que en mi garganta algo aprieta fuertemente, es como un grito que se ahogó, pero dejó allí atrapada toda su energía. No obstante, al final de todos esos sentimientos y gestos, una sonrisa de gratitud adorna felizmente mi rostro. 

 

Ana, mi amada esposa, me ha expresado que en su corazón siente mucha alegría al recordar todo lo vivido este año, al ver como poco a poco y con mucho esfuerzo, se logró o se ha ido logrando salir adelante. Ella es consciente de cuanto ha cambiado nuestra vida desde que pusimos en práctica nuestra nueva forma de hacer las cosas. 

 

Por mi parte, en mi corazón saltan sentimientos de gozo, al mirar los rostros de todos, disfrutando, compartiendo, sin caras de tristeza, ni pesares. Hoy disfrutamos una nueva forma de vivir, vivimos libremente, con ocupaciones, pero sin preocuparnos por problemas financieros o modelos de vida más allá de nuestras posibilidades. 

 

Comprendo que para Ana estos años anteriores han sido muy difíciles y en ocasiones ella ha sentido tristeza, al recordar las dificultades que teníamos antes de entrar en el Programa de Educación Financiera. Por ejemplo, ver muchas veces la despensa vacía y saber que no se disponía del suficiente dinero para ir al supermercado; o aquella ocasión en que tuvimos que vender los regalos de navidad de los chicos, porque no teníamos suficiente dinero para realizar los pagos pendientes. Era triste vivir con deudas que no podíamos pagar y que en nuestro afán por honrar los compromisos, asumíamos nuevas deudas, que nos hundían cada vez más en un sentimiento de imposibilidad. Recordar que antes de cada navidad, ya se sabía que no se disponía de dinero para comprar aunque fuera un detalle para nuestros hijos, mucho menos participar en fiestas o celebraciones.  

 

Los recuerdos eran aún más hirientes debido a nuestras creencias, basadas en un hogar tradicional, donde el padre tenía que ser un proveedor incondicional y la mamá no tenía forma de colaborar más allá de entregar sus fuerzas a lo interno del hogar, sin poder participar de las decisiones para sacar la familia adelante, o al menos para enfrentar juntos las diferentes circunstancias.  

 

Traemos a memoria especialmente aquel momento cuando tuvimos que vender el auto y la casa, porque con ese dinero pronto podríamos ver una pequeña luz. Aunque esos fueron los activos principales que vendimos y los de mayor monto, lo cierto es que también nos desprendimos de una serie de valores, recuerdos y cargas que durante años nos agobiaron.  

 

La venta de nuestros activos nos permitió reunir una buena cantidad de dinero. Sin embargo, las deudas y compromisos eran mucho mayores y ese dinero no alcanzaba ni siquiera para lograr un punto de equilibrio entre nuestros ingresos y gastos.  Debemos reconocer que la decisión de vender nuestras cosas nos permitió desprendernos del pasado y a raíz de ello surgieron nuevas oportunidades que fuimos valorando y tomando con precaución, al punto que logramos cancelar muchísimas deudas, más allá de los montos que se recogieron con la venta de los activos grandes.  

 

Dentro de las metas alcanzadas durante el Programa de Educación Financiera, que han sido muchas, saltan recuerdos tales como las grandes alegrías de cuando Ana decidió poner de nuevo en producción su pequeña empresa de costura. Aunque tuvo que ir en mi contra, pues para aquel momento yo seguía atrapado por mis creencias de súper proveedor y de único responsable de las finanzas familiares. Ana había tenido que abandonar sus sueños de crear hermosas prendas de vestir, debido a que padecía de tres hernias de disco en su columna vertebral, las cuales le impedían realizar el esfuerzo que su trabajo demandaba y le provocaba fuertísimos dolores. No obstante, a inicios de este año Ana decidió que era el momento de retomar su emprendimiento, ya su salud había mejorado y se sentía en condiciones de retomar la empresa, generando recursos frescos para el presupuesto familiar. Ella, a través de sus hermosas creaciones, logró obtener exclusivos contratos que le permitieron mostrar sus productos incluso en otros países, recibiendo el reconocimiento de sus importantes clientes. 

 

Nos llenábamos de satisfacción al ver como una puerta tras otra se abrían y un gran número de posibilidades se iban incorporando a nuestras vidas. Con nuestras nuevas decisiones no solo se fueron resolviendo nuestros problemas económicos, sino que se fueron materializando nuestras nuevas personalidades, nuevas metas, nuevos retos, nuevas ilusiones; más realistas y más apasionantes. 

 

Al ver hacia atrás comparamos el ayer con el hoy y vemos un mundo lleno de posibilidades, aunque también de muchos retos. Principalmente observamos como en el camino fueron quedando las viejas costumbres, los malos hábitos, las creencias erróneas que tanto daño nos provocaron. En el camino fueron quedando tantos pedazos de un gran Iceberg, que ahora no son más que experiencias para tomar mejores decisiones.  

 

Al inicio del Programa de Educación Financiera llegamos sin aliento, sin opciones, sumidos en un abismo del cual no encontrábamos salida. Los años de bonanza, de crédito ilimitado, de tarjetas platino y black ya habían pasado. Los bancos y empresas financieras que tantas veces nos llamaron para ofrecernos sus productos, nos habían cerrado sus puertas, sus oídos; no dejaron ni la más mínima opción para poder salir de nuestra situación, una vez que acabaron hasta con el último centavo de nuestra economía. Fue en el Programa donde encontramos de nuevo la ruta, donde comprendimos la verdadera fuente de nuestros problemas, fue donde asumimos nuestra responsabilidad y recibimos el consejo para tomar mejores decisiones. 

 

En el año que estamos dejando, queda una gran lista de desafíos superados, como: Conservar solo unas pocas líneas de crédito, el establecimiento de planes bien estructurados para salir de las deudas pendientes, los hábitos de seguimiento de un presupuesto, costumbres bien orientadas para el manejo de los gastos, la creación de planes de ahorro y de pensión complementaria cada vez más voluminosos y con cuotas cada vez más elevadas, así como la asimilación de un nivel de vida más sencillo y relajado.  

Este año también nos dejó una serie de logros, como la eliminación de las tarjetas de crédito, eliminación de más de diez deudas en períodos increíblemente rápidos, reducción del nivel de endeudamiento en un 75%, una empresa consolidada que cada día crece más y más, y el sentimiento de realización personal que nos embarga a Ana y a mí. 

 

Es emocionante pensar lo que hemos logrado a base de esfuerzo, de empeño y de lucha, hasta luchas contra uno mismo. Nos enorgullece recordar como vencimos nuestros propios temores, egos y limitaciones, para formar personas nuevas, más felices y con mejor criterio para la toma de decisiones.  

 

Agradecemos a Dios por mantenernos unidos, por acompañarnos en todo el proceso y por poner personas en el camino que nos guiaron con gran amor para alcanzar estos resultados. Agradecemos que seguimos esforzándonos juntos, esposos e hijos, que nos mantenemos disfrutando como pareja y a su vez nos sentimos unidos a Él en todo momento, todos parte de una sola familia. Dios ha sido nuestro pilar en todo este proceso, nada se ha movido si no es por su gracia y voluntad, pero a raíz de nuestras nuevas decisiones. 

 

A partir de este punto esperamos seguir adelante con paso firme y cargados de positivismo, alcanzar nuevas metas y disfrutar más el camino de nuestra hermosa vida. 

 

Finalmente, ahora es cuando puedo comprender que el éxito no es aquel que te dibuja castillos y palacios. El éxito es disfrutar cada día lo que tenemos y lo que hacemos; que cada día nuestros ingresos sean suficientes para cubrir nuestras necesidades y que trabajemos juntos por formar un futuro mejor, de la mano de Dios. 

Compartir este artículo