Historia de Éxito: ¿Soñar no cuesta nada?

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Por: Franciny

Bien dice el refrán “soñar no cuesta nada” pero no siempre es tan fácil, lograr que funcione requiere claridad y orden financiero, por ello, les compartimos parte del testimonio de Franciny de su puño y letra, quien luchó con su estatus de clase media hasta que descubrió su realidad y logró el bienestar financiero,gracias a su disposición de participar en un Programa de Educación Financiera en la empresa que labora. A continuación parte de su historia:

Muchas personas, incluida yo, hemos querido dividir el término de clase media: en clase media- bajaclase media- media y clase media- alta, porque efectivamente ser un “clasemediero(a)” suena realmente despectivo y ¿A quién le gusta que le traten como menos? 

Desde mi niñez, he sido  muy privilegiada dentro de las clases sociales, tanto que al día de hoy ubicaba a mi familia entre la “clase media – media y la clase media- alta” y con propiedad puedo decir que “bien se siente” sentirse así. 

¿Cuántas veces hemos creído que estamos en el camino correcto y por eso seguimos haciendo lo mismo? 

De ahí que el concepto de mi vida, cambió en un segundo al darme cuenta que continuaba  perteneciendo a la “clase media- alta” pero con la gran diferencia de que había notado algo que sangraba diariamente, y que en el mediano plazo seria trasladada a “cuidados intensivos”: “la billetera de la familia”.  Suena algo extremista; sin embargo, cuando se analizaron los datos, emanaron las imágenes donde se comprobó la situación.  

Hay una frase que dice “soñar no cuesta nada”, pero cuando esos sueños los hacemos realidad a punta de deudas, solo considerando la capacidad de pago y no visualizando el costo real de las decisiones financieras, esa frase obligatoriamente tiene que ser trasformada en “soñar solo cuesta entregar tu vida al trabajo, para el beneficio de otros”.  Definitivamente es un engaño a mi misma, del que fui víctima por ignorancia.  

Soñé con una casa y la tuve, soñé con un auto del año y lo tuve, soñé con viajes y los tuve, soñé con las mejores comidas en los mejores restaurantes y los tuve, soñé con la mejor fiesta para mi hijo y la tuve, en resumen, todo lo que soñé, lo tuve. Conclusión: dejé que la industria del consumismo cumpliera su objetivo con mi familia.  

Entonces…llegó el momento de la metamorfosis. Los procesos de cambio conllevaron dolores  tan agudos que se asemejan al crecimiento típico de la infancia, así como el músculo requiere desgarrase para crecer, mi mente requirió no sólo del deseo de cambiar sino de muchas acciones asociadas a una creatividad que florecía, porque era urgente y necesario para enderezar ese barco que iba de pique.  

Fue necesario hacer cambios  en los hábitos de consumo, crear y pulir durante meses un presupuesto familiar, aprender nuevos conceptos como: “finanzas sombras”, “gastos hormigas”, “estándares saludables del presupuesto”, analizar patrones de comportamiento,  sentirme bien cuando me llamen “tacaña” porque eso era señal que iba por buen camino, apartar las creencias limitadoras como: “para comprar algo tengo que hacerlo a crédito” y hacer a un lado las apariencias. 

Durante estos meses ha sido necesario crear una red de compromisos en la familia, que se han tratado de implementar con la inclusión de la pareja al programa; sin embargo, cambiar el estilo de una vida de despilfarro, tiene como respuesta inicial la resistencia, por lo cual se requiere de una gran dosis de paciencia y de estrategias para incorporar nuevos chips mentales, donde poco a poco nos hemos atrevido a lo incómodo. 

Como parte de los clasemedieros, llegué a sumar gastos de exhorbitantes, adquiriendo en noviembre del año pasado un compromiso por un alto monto, donde unifiqué todas las deudas, que pensaba pagar “tranquilamente” en un plazo de 15 años. Sin embargo, el Programa de Administración Financiera me facilitó una herramienta para calcular el monto de los intereses que pagaría al final del periodo, dándome la gran sorpresa: más del doble de la cantidad solicitada en intereses. Fue muy  impactante ya que aquí se cumple la regla, que los de la clase media gozamos de lujos, pero con deudas permanentes. Ante este letal escenario y aprovechando una de  las condiciones que teníamos, como un ingreso por concepto de un negocio, realicé una propuesta de pago por adelantado mes a mes, con el objetivo de lograr un ahorro mínimo de un 90% en el pago final de intereses, “sacrificando” nuestra vida de placer incontrolable y un estilo de vida inadecuado en el corto plazo. Cinco meses después, el plan avanzó con la expectativa de finalizarlo en un máximo de 8 meses. 

Como parte de las decisiones familiares que hemos tomado para cumplir el objetivo han sido: 

  • Cambiar el plazo del préstamo de 15 a 10 años manteniendo la cuota inicial. 
  • Tomar los ahorros personales y abonarlos. 
  • Crear un plan de recuperación de ahorros posterior a la cancelación de la deuda. 
  • Crear un presupuesto, disminuirlo mes a mes y llevar control de gastos semanales.  
  • Elaboración de sobres destinados a objetivos específicos de forma mensual, entre estos: mantenimiento y seguro de vehículos, reparaciones para la casa, cortes de cabello, corta de césped, impuestos de propiedades, medicamentos, entre otros.  
  • Creación de ahorros para matrícula escolar y gastos educativos, cumpleaños y actividades sociales. 

No esta demás, mencionar mi pasión por el aprendizaje de las disciplinas que me hacen ser una mejor persona y el aporte de mi esposo, que logra dar el equilibrio familiar que se necesita. 

El Programa de Educación financiera, le ha devuelto el norte a la estabilidad financiera y emocional de la familia, porque cuando se eliminan los roces financieros, automáticamente las relaciones mejoran. Hoy es un hecho, que hemos disminuido las discusiones relacionadas con las finanzas y por mi parte, me siento satisfecha, más libre y con menos compromisos sociales.  

Por último, hemos podido soñar responsablemente con visualizar a nuestro hijo en el Centro Educativo que queremos, comprometiéndonos en su formación pedagógica y financiera, haciendo una realidad que  nuestra transformación permee en él y en las siguientes generaciones, para que pueda asegurarse una vida en libertad. 

¿Soñar no cuesta nada? La conclusión es que depende de la ruta que tomemos para alcanzar los sueños, que deben ir acompañados de planes, disciplina y ahorro. 

 

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