No gano lo que quiero, ¿qué hago?

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¿Estoy tratando de llevar un estilo de vida que supera mis capacidades e ingresos? ¿Estoy asumiendo deudas de forma riesgosa a tal punto que están estrangulando mi salario?

Por  Javier Angulo

Cuando tuve la oportunidad de trabajar como consultor de empresas, hacíamos un estudio que llamamos estudio de clima organizacional, donde se encuestaba a los empleados de la empresa, y una de las preguntas más controversiales era: ¿Está usted contento con su salario? En la mayoría de los casos la respuesta recibía un puntaje muy bajo. En pocas palabras, las personas percibían y expresaban su descontento con el ingreso percibido.

Bajo este panorama, esta percepción puede deberse a dos factores. El primero es que realmente la persona podría estar ganando menos que puestos similares en el mercado laboral, o bien que tenga necesidades de endeudamiento o querer llevar un estilo de vida más allá de sus capacidades, que les presiona a tener un mayor salario. La clave es aprender a estar contentos cualquiera sea nuestra condición.

Contentamiento no es sinónimo de conformismo. Contentamiento es tener la capacidad de ser agradecidos bajo cualquier circunstancia.

En mi experiencia personal he aprendido que el contentamiento se experimenta no solo en los momentos de las cimas de la vida, sino en los valles. Es muy fácil sentirnos felices en esos momentos de éxito financiero, laboral, y familiar. Pero qué difícil es mantener esa actitud de contentamiento cuando hace falta el arroz, el pan, la leche, o las verduras. Es como tener un día muy nublado.

Normalmente tendemos a poner la mirada en aquellas personas que ganan más y nunca en aquellas que no son tan afortunadas como nosotros en materia salarial. No siempre la solución es ganar más pues normalmente quien gana más gasta más.

Es muy fácil dar gracias a Dios cuando todo va bien. Pero cuando la situación cambia y nuestras finanzas no andan como quisiéramos, o no podemos ir de paseo donde planeamos, o cuando no puede construir la casa que tenía planificada, o cuando no puede darles a sus hijos lo que soñó, es allí cuando debe cobrar vida ese contentamiento que solo viene de Dios.

El apóstol Pablo lo resumió desde una cárcel al escribir: “No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” Filipenses 4:11-13.

La mejor manera de recuperar el contentamiento, es cuando dejas de ver lo que no tienes, y por un momento volteas tu mirada a lo que sí tienes y  valoras lo que Dios te ha dado. Puede ser un abrazo de tu cónyuge, o un beso de tu hijo, o un te amo de tu hija. Es en ese momento donde das gracias a Dios por el pan de cada día, por la salud del momento, por el buen tiempo que atraviesas en tu trabajo, o la gratitud de tener una relación sin igual con Dios.

No puedo dejar de animarles a revisar su estilo de vida. ¿Estoy tratando de llevar un estilo de vida que supera mis capacidades e ingresos? ¿Estoy asumiendo deudas de forma riesgosa a tal punto que están estrangulando mi salario?

Son muchas las presiones para desviar la vista de lo que sí tienes, para poner tu mirada en aquellas cosas, situaciones que no tienes y que la publicidad, las amistades o la familia parecen promover. El contentamiento es la capacidad y el carácter que Dios nos da para superar los momentos de hambre, escasez y limitaciones, cuando incluso, puede faltar hasta lo básico.

Los valles bien administrados en nuestras emociones, pueden redundar en un fortalecimiento de nuestra fe. Una fe que nos va permitir que podamos surcar montañas, aún más altas de las que hemos escalado. Pero la clave es saber aprender y disfrutar de los aprendizajes de los valles.

Esto no implica que usted no se plantee metas más altas de ingresos. De ser así puede prepararse más académica o técnicamente. También puede buscar formas de generar ingresos extra, sin descuidar el equilibrio familiar. O bien, puede planificar su plan de crecimiento personal que eventualmente le implique cambiar de trabajo o actividad, con la advertencia de que no se salga de su rango de acción y experiencia.

El contentamiento no tiene nada que ver con las circunstancias, pues lo determina mi decisión de reconocer y ver a Dios en medio de las dificultades. Es saber que aunque muchas veces el día parezca nublado, nosotros entendamos, confiemos y creamos que detrás está el sol, y que tarde o temprano va a brillar nuevamente.

Por ello, contentamiento es no poner la mirada en las nubes, sino en el radiante sol detrás de la nubosidad. La clave es aprender a estar contentos cualquiera sea la situación.

No gana lo que quisiera. Primero de gracias a Dios. Segundo reconozca las bendiciones de Dios. Tercero, no se deje presionar por la sociedad. Cuarto, si tiene alguna presión por deudas o excesos, busque ayuda pues la solución no está en ganar más sino en gastar menos.

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