Alcanzando la madurez financiera

Compartir este artículo

Madurez es tener la capacidad de decir Sí cuando se debe decir Sí, y la capacidad para decir No, cuando es No.

Por Javier Angulo Cardinale

Se habla mucho de madurez emocional. Pero poco se habla de la madurez financiera. Cuando tenemos hijos nos preocupamos porque vayan madurando conforme el tiempo pasa y que se vayan comportando de acuerdo a su edad. La madurez financiera, se alcanza conforme pasa el tiempo y dedicamos espacios para crecer, tanto a nivel personal como con nuestros hijos.

“Todos nosotros nacemos, si se quiere, con cierto grado de inocencia financiera, que vamos perdiendo conforme vamos creciendo.”

Madurez es tener la capacidad de decir Sí cuando se debe decir Sí, y la capacidad para decir No, cuando es No.

Decir “SÍ”

SÍ a asumir responsabilidad (por parte de nuestros hijos)
SÍ a soltar nuestros hijos
SÍ al ahorro
SÍ a la Disciplina

Decir “NO”

NO a “gastos” en “gustos” innecesarios
NO a deudas innecesarias
NO a compras impulsivas.

Indicadores de falta de madurez

1. Ser demasiado inocentes en nuestras decisiones, es decir, tomar decisiones sin analizar las implicaciones. Un ejemplo es cuando asumimos deudas sin saber qué pasaría si suben las tasas de interés. Es cuando entramos en negocios sin hacernos las preguntas de control que nos eviten caer en riesgos innecesarios. Las personas deben abrir sus oídos, sus ojos y analizar las implicaciones de sus decisiones antes de aceptar lo que les ofrecen. Por ejemplo, cuando nos ofrecen una tarjeta pero no preguntamos ni la tasa, ni las condiciones, o vamos a un almacén y no hablamos de qué implica esa deuda, o buscamos préstamos con personas sin saber de dónde viene ese dinero. O incluso, cuando no revisamos ni siquiera los recibos o el estado de cuenta de las tarjetas. Es cuando alguien dice “SÍ” a todo cuando debe aprender a decir “NO”.

2. No actuar con cordura. Dicen que el sentido común es el menos común de los sentidos, pues poco analizamos la lógica de nuestras actuaciones en materia financiera, esto es actuar bajo el efecto de las emociones. Las personas podemos caer en actos “incoherentes” cuando de dinero se trata, especialmente cuando estamos en crisis financiera, o cuando tenemos abundancia. No hay que perder la cabeza para actuar sin cordura, en ocasiones basta con dejarse llevar por los impulsos, cuando por ejemplo, nos excedemos en ciertos gastos sin medir otras necesidades más importantes. Es incluso cuando nos empezamos a meter en enredos financieros tratando de resolver o mejorar nuestra situación. Es decir “SÍ” a gastos o gustos cuando se que debo decir “NO”.

3. Idealizar el dinero. Es cuando le damos al dinero un valor más alto de lo que debemos darle, en otras palabras, es cuando se ama el dinero. Le damos casi atributos divinos, como las culturas antiguas idealizaban al sol, o a la luna, atribuyéndole la causa de nuestra felicidad o de nuestra desgracia. Es casi decir, “Si tengo dinero no necesito nada más en la vida”.  Ser maduro financieramente es saber que el dinero “NO” es todo en la vida.

4. Satanizar el dinero.  Surgen grupos que más bien se van al otro extremo, diciendo que el dinero es “peligroso” la causa de todos los males de la sociedad, cuando la verdadera causa es más bien el amor al dinero y el deseo de obtenerlo a toda costa. Pero el dinero no es en sí ni bueno ni malo. Muchos piensan que es malo tener o ganar dinero, cuando hay personas que lo ganan de forma honrada, y lo utilizan de forma honesta, sabia y generosa. Cuidado pues podría estar diciendo “NO” a algo que tal vez “SÍ” le conviene.

5. Caer en CO-Dependencia Financiera. La codependencia es cuando una persona depende de quienes dependen de ellos. A veces los padres dependen “emocionalmente” de sus hijos que no trabajan y dependen de su papá y mamá. O bien hijos, o hermanos que dependen “emocionalmente” de otros familiares. Es de aplaudir cuando una familia se desprende para ayudar a sus familiares, sin embargo, es diferente a que los hijos, padres o hermanos decidan voluntariamente dar algún apoyo económico temporal a sus seres queridos, sin llegar al punto en el que se crea una dependencia permanente sin un diálogo previo. Aquí se debe aprender a decir “NO”.

¿Qué se espera de una persona con madurez financiera al tomar decisiones?

1. Que actúe y utilice responsablemente su dinero. Mantenerse en su presupuesto, es decir, debe ser consciente de que el dinero tiene un objetivo y un destino. Eso se puede inculcar desde niños. Que no comprometa su futuro financiero con sus decisiones, con deudas o inversiones inciertas.

2. Que no arriesgue el bienestar de su familia o negocio. Comprometiendo los bienes y la estabilidad de las familias, al meter cabeza en una decisión que todos le advierten que no es conveniente.

3. Que busque asesoría antes de decidir. A veces buscan ayuda demasiado tarde, y si hubieran consultado antes habrían evitado crisis financiera. Esto requiere humildad. La madurez financiera implica estar dispuestos a escuchar opiniones diferentes a la nuestra y escuchar el consejo de familiares, amigos y especialistas.

4. Que ahorre de forma disciplinada. Para lograrlo debe controlar sus emociones y poner metas “realistas” que se cumplan consistentemente. La madurez implica auto-control y disciplina.

5. Que mantengan bajo control sus emociones. Pues en la vida uno debe autocontrolarse, tanto en los buenos como en los malos momentos, de tal manera que puedan afrontar con responsabilidad cada situación.

Aproveche para instruir a sus hijos

“Mientras juega de local…”

A los hijos hay que ayudarlos a crecer en sus decisiones financieras. Instruir tiene que ver con dar instrumentos a nuestros hijos, no solo instrumentos materiales como una calculadora, sino instrumentos de vida. Me gusta ilustrar este pasaje con la figura del fútbol. Cada vez que hay eliminatorias para el mundial, cada país hace valer su casa, es decir, su estadio, pues conoce las condiciones del terreno, está acostumbrado a jugar en ese lugar, la gente da un fuerte apoyo y puede hacer valer su condición de local para sacar los puntos. Para las eliminatorias de Brasil 2014, Estados Unidos hizo jugar al equipo tropical de Costa Rica bajo una densa nieve a muy baja temperatura. Es decir, cada quién saca ventaja de estar en casa. Lo mismo debemos hacer los padres y madres, ya que mientras nuestros hijos son pequeños todo se desarrolla en nuestro hogar, es su voz, es su terreno, son sus condiciones, es su ambiente. Usted tiene todas las de ganar terreno.

Y luego los equipos deben jugar de visita en otros países para poder clasificarse para ir al Mundial de Fútbol. Desde luego, jugar de visita tiene más desafíos pues usted no conoce tan bien el terreno, tienen voces contrarias en las graderías y el clima no siempre le favorece. Lo mismo sucede cuando los hijos van creciendo: usted empieza a jugar de local.

Sus hijos empiezan a oír otras voces y otros consejos para administrar su dinero y tomar decisiones financieras, el terreno de la comunicación varía, y ahora hay muchas formas de comunicarse con ellos y el terreno no es tan bien conocido por usted. La moraleja es «saque provecho de jugar en casa de local, mientras sus hijos se lo permitan». Para que cuando le toque ir a jugar de visita y luego ellos se casen y entonces usted pase a ser 100% visita, ellos hayan integrado los principios que papá y mamá les enseñaron y tomen decisiones adecuadas.

Los hijos nacen sin saber muchas cosas, y van aprendiendo en el camino. Instruir es:

a. Tomarse el tiempo para escucharles y corregirles.
b. Dejarles que asuman las consecuencias de sus decisiones, y que si se equivocan darles la enseñanza.
c. Delegarles más responsabilidades hasta que ellos tomen sus propias decisiones.

Reto.
– Revise su madurez financiera y la de sus hijos y tomen acciones conjuntas para mejorar.
– Aprenda a decir “SÍ” a lo que le conviene, y “NO” a todo aquello que es perjudicial para usted y su familia.

Compartir este artículo